Parasitosis intestinal

 




 

¿NO SERÁN PARÁSITOS?
La parasitosis intestinal en los niños

Le duele la panza, come poco, le pica la cola, está nervioso, etc. Consultas frecuentes en el consultorio del pediatra a las que generalmente les sigue la pregunta: ¿no serán parásitos?.

Según diversos estudios se encuentra parasitada a nivel intestinal entre el 50 y el 85 % de la población infantil. Las cifras varían según la región, siendo los más afectados los niños que habitan zonas rurales o en hogares con difícil acceso al agua potable y a la eliminación de excretas. En relación a estas cifras es fácil comprender que muchos niños parasitados no presentan signos o síntomas específicos y que chicos con síntomas similares no necesariamente están parasitados. Lo cierto es que el ser humano se halla expuesto a un gran número de parásitos, aproximadamente 300 especies de helmintos (lombrices) y 70 de protozoarios (amebas). Una pequeña proporción de los mismos pueden producir enfermedad.

La característica común a todas es la necesidad de ingresar al organismo para continuar su evolución y reproducirse, eliminando huevos infectantes al exterior. Eligen generalmente el aparato digestivo, especialmente el intestino delgado y grueso donde hallan las condiciones adecuadas para su evolución. Es por ello que la vía fecal-oral es la forma más frecuente de contagio a través del agua o alimentos contaminados con huevos de parásitos. La mayoría de los mismos ejercen su acción patógena desde el mismo intestino, provocando lesión del mismo y mala absorción de nutrientes. En relación a la especie, al número de parásitos y al estado inmunitario del niño, algunos pueden pasar al torrente sanguíneo y dañar otros tejidos u órganos. La importancia de estos cuadros es mayor en niños en edad preescolar y escolar. Es menos frecuente la aparición de parásitos intestinales en los menores de 1 año debido principalmente a la lactancia materna, la que posee propiedades inmunológicas y por lo tanto efecto protector.

La parasitosis más frecuente entre los niños es laoxiuriasis. Producida por un pequeño parásito denominado oxiurius vermicularis. La hembra posee un tamaño aproximado de 1 cm de largo y 0,5 mm. de ancho y su hábitat es el intestino grueso de los seres humanos. Su vía de ingreso, como la mayoría, es por vía oral secundario a manos u objetos, (sábanas, ropa interior, etc.), contaminadas con los huevos del parásito. La hembra suele colocar sus huevos en la región cercana al ano generalmente de noche durante el sueño. Tiene la capacidad de producir miles de huevos por día. Al provocar prurito el niño se rasca y lleva los mismos hacia su boca reiniciando el ciclo del parásito. Suele trasladarlo también a su grupo familiar y al de compañeros de guardería o jardín. Por suerte es una patología tan frecuente como generalmente benigna ya que es difícil la diseminación a otros órganos. Algunas veces no producen síntomas pero, en otras el niño se queja del prurito anal provocándose además lesiones llegando algunas veces a infectarse. El tratamiento es simple y sencillo con la medicación adecuada, incluyendo también en el mismo al grupo familiar. Se debe tener cuidado en cambiar las sábanas y la ropa interior a la mañana siguiente de la ingestión del jarabe, mantener uñas cortas y manos limpias. Así como fácil es el tratamiento también es fácil la reinfección dado el frecuente contagio entre niños.

La giardia, a nivel global, es el parásito más frecuentemente encontrado en la población. Infecta aproximadamente a 2% de los adultos y 6 a 8% de los niños en regiones desarrolladas. En los países en vías de desarrollo aproximadamente el 33% ha padecido giardiasis en algún momento de la vida.

El parásito presenta dos estadíos diferentes: el quiste, que es la forma con la que ingresa al organismo y la forma activa, llamada trofozoíto, que es la que se adhiere al intestino del ser humano y lo parasita. Los quistes se encuentran en el agua y/o alimentos por contaminación generalmente fecal, pero también pueden infectar a perros, gatos y aves contaminando al niño con sus deposiciones. Se han encontrado también quistes en el pelaje de los animales y se ha comprobado que moscas y cucarachas pueden ser vehiculizados por sus patas. Los mismos son instantáneamente infectantes y se eliminan por las heces. Una persona infectada puede eliminar de 1 a 10 billones de quistes diariamente en su materia fecal. Sin embargo la ingestión de tan pocos como 10 de ellos puede causar enfermedad. La parasitosis es más frecuente en viviendas desprovistas de agua potable y cloacas, pero nadie puede estar excluído del probable contagio. Muchas de las ciudades más pobladas de la República Argentina se encuentran en las orillas del río Paraná y del Río de la Plata en los que se descargan diariamente toneladas de materia fecal convirtiendo a estos recursos hídricos en verdaderas cloacas a cielo abierto y en permanentes focos de infección. Además los quistes tienen resistencia a la cloración y poseen la capacidad de deformarse, pudiendo pasar a través de los filtros de agua. No obstante son destruídos a temperaturas superiores a 55ºC siendo necesarios sistemas de floculación y filtración para remover el parásito de los sistemas de agua potable.

El parásito en su forma activa se adhiere a las paredes del intestino delgado compitiendo con el huésped en la captación de nutrientes, alterando la absorción de los mismos. Si bien muchas veces la infección puede ser asintomática son frecuentes las diarreas, el dolor abdominal y los vómitos. La prolongación de los síntomas puede llevar a la desnutrición y al déficit de algunas vitaminas.

Existen drogas muy efectivas contra la giardiasis. Generalmente deben administrarse en series con períodos de descanso, para dar tiempo a que los quistes se transformen en formas activas, siendo estas últimas mucho más sensibles al tratamiento.

El áscaris lumbricoides
es la lombriz intestinal más difundida entre los humanos. Su parasitosis se denomina ascaridiasis. Se cree que existen más de mil millones de personas infectadas en todo el mundo. Es el parásito de mayor tamaño. Los adultos machos miden entre 15 y 17 cm. y las hembras entre 20 y 25 cm. con la capacidad de poner hasta 200.000 huevos diarios que pueden ser viables hasta 7 años manteniendo su capacidad infectante.

La ascaridiasis tiene distribución urbana y rural adquiriendo la calidad de los suelos un rol importante. La presencia de este parásito está en directa relación con la contaminación fecal de los mismos, es proporcional a la mala disposición de las excretas, al riego con aguas servidas y a la utilización de heces humanas como fertilizantes.

La infección se transmite a través de la ingestión de los huevos del parásito junto a alimentos o agua contaminada. La costumbre de algunos niños pequeños de ingerir tierra favorece obviamente el contagio. Las larvas salen de los huevos al llegar al intestino del ser humano, atraviesan la pared intestinal, llegan por medio de la sangre al hígado, luego al corazón, de ahí pasan al pulmón y por su motricidad o por medio de la tos pasan nuevamente a la vía digestiva donde se estacionan. Todo este ciclo lo realizan en aproximadamente 65 a 70 días. Cuando finalmente se establecen en el intestino miden sólo 1 a 2 cm. El tamaño adulto lo lograrán creciendo a expensas de los nutrientes que sacan del huésped. El ciclo del parásito explica el motivo por el cual suelen ser expulsados por tos, vómitos o en las deposiciones de niños generalmente muy parasitados. Debido a ello también pueden producirse verdaderas obstrucciones intestinales y de vías biliares. Es posible también la diseminación a otros órganos con las consecuencias previsibles.

La infección puede ser asintomática si la cantidad de parásitos es baja. Cuando la cantidad de gusanos crece es frecuente el dolor abdominal, la mala absorción de nutrientes con la consecuente diarrea, mal nutrición y la lesión intestinal debido a la obstrucción motivando muchas veces intervenciones quirúrgicas, dado que suelen simular cuadros abdominales agudos como, por ejemplo apendicitis.

La ascaridiasis tiene tratamiento eficaz. Se evitarán las mencionadas complicaciones cuanto más precoz se instaure el mismo.

¿Cómo se hace el diagnóstico?

La visualización directa del parásito confirma el diagnóstico. Esto puede suceder en la oxiuriasis, (gusanos pequeños y blancos alrededor del ano) y en la ascaridiasis al observar lombrices cilíndricas luego de un vómito, expectorándolos con la tos o con una deposición.

La mayoría de las veces se requiere el examen parasicológico seriado de materia fecal. Durante una semana se recoge en un frasco con formol muestras de la deposición del niño. Del mismo modo cada noche se intentan recolectar huevos microscópicos de oxiurius alrededor del ano pegando y despegando tela adhesiva debiendo finalmente adherirlas en portaobjetos. De esa forma en el laboratorio se podrán observar los mismos y confirmar la presencia del parásito. El último día de la recolección, antes de remitir las muestras, se recoge una muestra de materia fecal recién emitida en otro frasco seco. Esta se utiliza para la observación directa de las heces macro y microscópicamente.

Las parasitosis son consideradas enfermedades ambientales, fieles indicadoras de los factores ecológicos del medio. Las características del ambiente marcan la posibilidad de mayor o menor contaminación con parásitos intestinales.

Los parásitos son muy frecuentes en entornos de pobreza y marginalidad. La calidad del agua, las condiciones del suelo, la eliminación de las excretas y las normas de higiene son factores fundamentales en la diseminación de los mismos.

 


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